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Un lugar lejos de las carreteras, el frontón de Atarrabia de Villava, fue el edificio que unió a Juan Antonio Almárcegui y Pepe Barruso una tarde del verano del 74. Aficionados a la pelota, acudían habitualmente para disputar algún partido. Un día de vuelta a su casa, por la plaza, pensaron que debían hacer algo para aprovechar mejor el tiempo. Creyeron que crear un club, para hacer algo por el ciclismo, no estaría mal. Amantes de este deporte, no lo dudaron y acudieron a la Federación Navarra de Ciclismo, que tenía su sede en la calle Teobaldos, y allí encontraron el apoyo desinteresado del secretario Ramón Videgáin Roncal.
Los trámites y la falta de corredores hicieron que el Villavés tardara en salir a la carretera casi un año. “Necesitábamos corredores y al principio tuvimos muchos problemas para encontrarlos. La primera temporada, la del 74, comenzamos tarde y con un solo ciclista”, explica Juan Antonio Almárcegui, primer presidente del Villavés. Este corredor era Juantxo Arizcuren Eúsa, de la Venta de Mendióroz, que comenzó con catorce años de la mano de Pepe Barruso que le animó. El club no contaba entonces con un traje oficial y los dos fundadores compraron para el primer corredor una camiseta blanca con colores amarillo y rojo en las mangas. Entonces el coche de equipo era un Seat 600 que Pepe Barruso había comprado, su propio vehículo. “Me costó 29.000 pesetas a lo que hay que añadir las cuatro mil del seguro”, comenta Barruso.
La fecha oficial de fundación del Club Ciclista Villavés es el 2 de septiembre de 1975. El primer trámite burocrático que tuvieron que realizar Pepe Barruso y Juan Antonio Almárcegui fue la inscripción en la Federación Navarra de Ciclismo. En ese mismo año, dos clubes hacían los mismo, la Sociedad Deportiva Super-Ser y el Grupo Deportivo Alemar. Los dos han desaparecido en la actualidad. El Villavés se presentó con una primera junta directiva formada por: Juan Antonio Almárcegui Itoiz (presidente), José Barruso Trepiana (vicepresidente), Marcos Vidaurreta Gurbindo (vicepresidente segundo), José Ignacio Urdániz Adot (secretario), Alberto Lizarrondo López (vicesecretario), Nicasio Almárcegui Itoiz (tesorero), Luis Camino Villanueva (contador), Ángel Gurbindo Jiménez (vocal), Blas María Noáin Pérez (vocal) y Francisco Zazpe Urtasun (vocal). “Teníamos que recurrir a los amigos y conocidos para completar la lista con los cargos que exigía la federación”, comenta José Ignacio Urdániz.
En busca de un local
El siguiente paso: encontrar un local. Pepe Barruso y Juan Antonio Almárcegui fueron a la Sociedad Recreativa la Villavesa, más conocida como el Círculo Carlista, para que les permitieran utilizar los locales. De aquí pasaron al Centro Católico Español, actualmente Unión Villavesa. A continuación, le alquilaron una bajera a una tía de Induráin en la calle Mayor para guardar el material. “Pero nunca la llegamos a utilizar y nos devolvió la mitad del alquiler. Nuestro último viaje fue al Bar Restaurante Jaizki, que regentaba Fernando Asensio, gran aficionado al ciclismo y actual corredor de la categoría Veteranos”, añade Barruso.
Y por fin: la sede definitiva la encontraron en 1984. El entonces alcalde Emilio Carrasco les ofreció cederles el matadero municipal. Carrasco había entrado en el Ayuntamiento en 1983, y rápidamente se involucró con los proyectos del Club Ciclista Villavés. Desde el consistorio, se animaron a ayudar al club cuando conocieron el trabajo que allí se realizaba. “Una vez en el Ayuntamiento, empecé a tener relación con Pepe, Cachorna y Almárcegui y vi la gran labor que llevaban a cabo pero que no era reconocida. Además era un grupo que no presionaba en el Ayuntamiento y nosotros hicimos lo mínimo al reconocer su trabajo”, recuerda Emilio Carrasco. En aquellos años, el club no contaba con importantes subvenciones por parte del Ayuntamiento ni tenía un local propio a pesar de llevar más de ocho años en funcionamiento. “Nos llamaba la atención que el Villavés estuviera fuera de las subvenciones del Ayuntamiento”, señala Carrasco. En aquella misma legislatura, se creó el Patronato de Deportes y el Club Ciclista Villavés quedó incluido con carácter específico dentro de los presupuestos.
Carrasco no tardó en darse cuenta de que, la mejor manera de ayudar al club sería proporcionándoles un local. “El Villavés tenía por aquel entonces su sede en el bar Jaizki. El local actual se utilizaba temporalmente para vacunar perros. Lo planteamos en una conversación con Pepe y, desde ese momento, los trámites fueron bastante rápidos hasta que, a los pocos meses de surgir la idea, el club se trasladó al local actual”, comenta Carrasco. Para ello, la propuesta de llevar al Club Ciclista Villavés al antiguo matadero contó con el apoyo de los cuatro grupos que entonces componían el Ayuntamiento de Villava.
Cuando el club se trasladó a la nueva sede, ésta se encontraba bastante deteriorada. “Acudimos Jesús Maria Beloqui y yo a ver el local. Se encontraba en unas condiciones pésimas debido a una gran gotera”, indica Barruso. Pero lo aceptaron con ilusión y los propios miembros del club se encargaron de arreglarla con la ayuda desinteresada de un albañil, Sr. Nájera. Esta situación se mantuvo durante 10 años, hasta que en 1.994 y de la mano de un excorredor del club Óscar Mongay, junto a otros dos arquitectos: Javier Barcos y Manuel Enríquez se llevo a cabo la remodelación actual, se tiró el local de entonces para desde abajo, construir dos pisos. Las obras comenzaron en el mes de abril de 1994, año en el que también se concluyeron, en el mes de octubre y se inauguró la actual sede, situada en la plaza Consistorial de Villava. En este año, se hizo efectiva la cesión del Ayuntamiento por veinte años. Durante los diez años en los que no se ejecutó la obra, el Villavés utilizaba un único cuarto de 22 m., que resultaba insuficiente.
El primer corredor disputó en su primera temporada unas cinco carreras, la primera de ellas en Elvetea. Un año después el club ya presentó corredores en las categorías de escuelas y juveniles. En el 75, comenzó su trayectoria Miguel Induráin, con once años, junto a su hermano Pruden, de ocho años, y sus tres primos Daniel, Javier y Luis, Alberto Erro, los hermanos Blanco y J. Posadas. De ellos, Pruden Induráin es el que más años ha permanecido en el club, desde los 8 hasta los 18. Formaron una escuadra con un total de veinte ciclistas para esta temporada. “El resto del equipo eran juveniles que los demás equipos no querían y los cogimos nosotros”, añade Barruso. El Club Ciclista Villavés ha gozado siempre de una buena cantera y nunca ha necesitado realizar campañas de captación de corredores. “Siempre hemos funcionado con el boca a boca. Los chavales venían al club o acudían a la federación. Además, los corredores ya inscritos atraían a sus hermanos, primos y amigos”, indica Pepe Barruso.
Con sus propios coches
En estos primeros años, el club no contaba con una flota de vehículos como ahora. Los propios entrenadores y, a la vez, directivos tenían que aportar sus propios coches. “Nunca se nos hubiera ocurrido cobrarle al club la gasolina ni las averías. Corría siempre de nuestra cuenta”, añade Barruso. Almárcegui recuerda cómo varios coches “murieron” al servicio del club como un Renault 5 amarillo propiedad de José Ignacio Urdaniz, y un Renault 8 suyo. Por su parte, Pepe Barruso se compró un coche nuevo: un Renault 12 TS que alcanzaba gran velocidad. “A los pocos meses, le cambié el motor de gasolina por uno de gasoil pensando que así ahorraría algo. Lo único que conseguí es que la velocidad disminuyera hasta los 80 km/h. Ese coche me costó 429.000 pesetas, el motor nuevo 250.000 y por el motor de gasolina sólo me abonaron 50.000 pesetas. Cuando estrené el motor de gasoil y al hacer el viaje de vuelta de Tafalla donde me lo colocaron, me dieron ganas de llorar, casi no llego a Villava”, recuerda Barruso.
El primer coche que adquirió el club en 1983 fue un Seat 124. Almárcegui, Barruso y Urdániz pusieron su sueldo como aval. De esta forma, comenzaron ya a contar con su propia flota. Más tarde llegaría un Seat 132, regalo de Arrasate. “Estaba un poco viejo y lo tuvimos que arreglar, pero nos dio un gran servicio. Después compramos uno de segunda mano que no nos dio buen resultado”, señala Pepe. Desde hace ocho años, en el 92, el club ya cuenta con una flota propia de vehículos que va pagando poco a poco. “Hemos tenido varios Renault 12 que aunque estaban un poco viejos siempre los hemos cuidado bien sobretodo la mecánica; de ruedas, dirección...”, añade Barruso. Hace dos años, para la temporada del 98, adquirieron una furgoneta de “Kilómetro 0”: una Citroën Evasión. “La compramos junto a un carro para llevar las bicicletas. Nos viene muy bien cuando vamos a las carreras con muchos chavales como es el caso de los cadetes o de las escuelas, con un carro preparado para llevar hasta 20 bicicletas”, señala Barruso. La última adquisición hasta el 2000 ha sido un Citroën Xantia familiar también de “Kilómetro 0” comprado este mismo año.
Vías de financiación
Los fundadores del club, Barruso, Almárcegui y Urdániz, aseguran que el club nunca ha tenido deudas y que han ido pagando poco a poco. “En los primeros años, era Almárcegui, principalmente, el que se encargaba de saldar las deudas que teníamos a final de temporada”, comenta Barruso. Al principio, las subvenciones no existían y el club realizaba socios entre sus amigos que pagaban cuotas pequeñas entre 100 y 25 pesetas. Otra de las vías de financiación era la del dinero obtenido con las victorias de los corredores. Un ejemplo: en la temporada 1979, con los éxitos conseguidos por Joaquín Marcos, Miguel Induráin, Arizcuren, Navarro y Esteban, sumaron un total de 175.000 pesetas. “Ese dinero se repartía entre todos los miembros del equipo”, comenta Barruso.
Los tiempos han cambiado y las formas de financiación también. El dinero de los premios continúa repartiéndose pero su importancia en el presupuesto final es mucho más insignificante. Juan Antonio Almárcegui todavía recuerda la primera subvención que recibió el club del Ayuntamiento de Villava, era 1978. “Me acuerdo de las palabras del concejal del consistorio. Me dijo que eso me podía parecer poco pero que a partir de entonces iba a constar en los presupuestos municipales para siempre”, añade Almárcegui. A esta subvención, hay que añadir la que recibían por la organización de una carrera en las fiestas patronales. “Desde el primer año organizamos una carrera de categoría junior. Al principio, celebrábamos también una prueba de aficionados locales pero llegó un momento en el que éramos más las personas de la organización que los corredores”, indica Barruso.
Otra de las formas que ha empleado el club para sacar dinero ha sido la de poner una barraca en fiestas junto a la Peña Alas, el otro club con sede en Villava. “Lo hacíamos todo nosotros. Los corredores se organizaban en turnos para cubrir la barra”, indica el actual presidente. Con esta iniciativa, que duró siete años (de 1991 a 1997), el Villavés ha obtenido importantes cantidades monetarias cada año. La barraca desapareció por el cansancio de sus responsables y había que buscar otras formas. Así le sustituyeron las rifas en todas las carreras que organiza el club y la más importante, la de Navidad. Los corredores han pasado de ejercer de camareros a vender boletos por todas las casas. “Se prepara cada Navidad tres cestas bastante completas. Los productos nos los suelen regalar todos pero para eso nos tenemos que mover mucho. Solemos sacar entre 400.000 y 500.000 pesetas”, añade Barruso.
El patronato de Deportes del Ayuntamiento de Villava, que se creó en 1981, subvenciona, como al resto de equipos con sede en Villava, la actividad que llevan a cabo sus monitores, así como parte de los gastos de material. Cada monitor, en este caso entrenador, cobra alrededor de unas 10.000 pesetas al mes, partida con la que el Villavés alcanza una cifra de unas 240.000 pesetas. A esto hay que añadir más de 300.000 y más de 100.000, en material. En la actualidad, el club cobra 10.000 pesetas a los padres de corredores de categorías de junior y cadetes y 8.000 a los de las escuelas.
La ayuda de los patrocinadores
Importancia especial en el dinero que cae en las arcas del Villavés tienen los patrocinadores. Uno de los más antiguos, tantos años como los que celebra el club en el 2000, ha sido DISNAPIN (Distribuidora Navarra de Pinturas). Ahora paga al club 50.000 pesetas, y su rotulación se encuentra en un coche y en la pancarta de la llegada de las carreras que organiza el club. “Este patrocinador lo conseguimos gracias a otro que nos ayudaba y se llamaba Fernando Forneas que regentaba un taller de barnizados, Pinturas y Barnizados Laborda. Pero éste último nos abandonó y tuvimos que pagar todas las deudas que nos había dejado”, explica Barruso.
Al Villavés le quedó una deuda en material de 250.000 pesetas en ciclos Gerardo, propiedad de Gerardo Maquirrían. “Entonces, teníamos un equipo de aficionados y solían ir allá a arreglar las averías. Le fuimos pagando la deuda poco a poco. Al final de temporada, nos quedaban 100.000 pesetas. No podíamos más. Entonces fui y le comenté que no teníamos más dinero. Le pedí que nos diera unas camisetas y unos tubulares. De esta manera, podíamos crear un equipo y así fue. Era una camiseta blanca con la inscripción de Ciclos Gerardo”, señala Barruso. Era el año 1981. En una ocasión, Almárcegui se dio cuenta que el club andaba escaso de ropa. “Estuve con mi suegra, le dije que esa situación me daba pena y ella misma me dio dinero para pagar unas camisetas nuevas para la escuela de ciclismo”, explica Almárcegui.
Uno de los primeros patrocinadores que ha tenido el Villavés ha sido Seguros Induráin, en 1979. “Miguel corrió en cadetes con una camiseta de Seguros Induráin”, indica el actual presidente. Esta rotulación en la camiseta sustituyó a las antiguas en las que únicamente aparecía el nombre del club. “Una de las primeras, la de los años 77-78, la diseñé yo”, explica Almárcegui. Las carencias económicas eran, entonces, tan importantes que incluso cuando se cambiaba de patrocinador no podían comprarse camisetas nuevas. “La madre de los Hnos. Esteban, la señora Josefa, nos bordaba los nombres de los patrocinadores y cuando cambiábamos nos las descosía y nos cosía la nueva”, dice Barruso. En 1982, Ciclos Larequi entró como patrocinador del club cuando Induráin militaba en la categoría de juveniles. “Larequi, en un principio, nos quería pagar por éxitos obtenidos. Le dijimos que no y que nos diera ropa. Entonces sólo estuvo un año. Después comenzó en el 93 para dejarlo en el 97”, señala Barruso. Otros de los patrocinadores han sido Cafenasa, Pinturas Tomás López, el bar Jaizki, Pescadería Olaverri, Ciclos Agüero, Ciclos Lasa, Beola Motor y Gestoría Gespam, en aficionados. En el año 1984, época en la que el club compró su primer coche SEAT-124, contó con una rotulación de Seguros Banco Vitalicio, la primera del Villavés. “Era la época en la que estaba de presidente de la Federación Navarra de Ciclismo José María Miqueo Jorajuria. Era amigo de José Miguel Aquerreta, actualmente alcalde de Yesa, y entonces director de la sucursal de Seguros Banco Vitalicio en Pamplona y lo conseguimos gracias él”, añade Barruso.
Organización de carreras
La organización de las carreras es una de las tareas más importantes que ocupa a los miembros del club. En 1975, primer año, organizaron dos carreras: el I Circuito Miqueo de Villava, el 31 de agosto, y el II Circuito Miqueo de Villava, el 12 de octubre. El número de carreras que han corrido a cargo del club ha ido aumentando poco a poco. Si en el primer año, fueron únicamente dos, al año siguiente, la cifra ascendió a cinco, después siete, nueve y así hasta llegar a las once actuales.
El Villavés alcanzó su cota en número de licencias en 1996 con 145 jóvenes inscritos en la federación. Los triunfos de Induráin, del 91 al 96, provocaron un “boom” gracias al que el club vio incrementado su número de licencias e hizo que fuera el conjunto más numeroso de Navarra, dato que se mantiene hasta nuestros días. “Cualquier tarde venía un chaval al club y nos decía que él también quería ser ciclista”, dice Barruso.
Desde sus comienzos el Villavés, ha contado con corredores en las diferentes categorías: escuelas (principiantes, alevines e infantiles), cadetes y juveniles. Hasta 1978, la división era diferente ya que no existían los cadetes y los juveniles se dividían en dos: A y B. Además, el club ha contado, en ocasiones, con un equipo de aficionados.
Casi desde el principio, los encargados del club han sacado a sus chavales a disputar carreras fuera del territorio foral. Aunque no siempre se hayan cosechado los éxitos queridos. Pepe Barruso, entrenador en los primeros años del equipo de juveniles, solía llevar a los corredores como recompensa a la subida a Montjuic. “Era un premio para los ciclistas ya que debían correr simplemente 2.800 metros. El problema era que en este viaje era necesario pasar una noche fuera de casa. Llegabas, cenabas y después no podías salir ya que a las siete de la mañana hacíamos las inscripciones”, cuenta Barruso. Ahí venía otro problema. Los corredores salían de cinco en cinco por orden de dorsal. “Por ejemplo, Miguel Induráin tenía el dorsal 120 y en una carrera logró remontar hasta el 45. Aunque el mejor puesto de esta prueba lo hemos conseguido con Pachi Sorbet que se clasificó en décima posición”, recuerda Barruso.
Robos en Montjuic
En uno de estos viajes a Montjuic, los del Villavés no volvieron en las mismas condiciones en las que habían viajado. Acudieron Miguel Induráin, Ion Astigarraga y Alberto Bretón, junto con Pepe Barruso como entrenador. En esa ocasión, viajaron con el coche 1.500 del padre de los Induráin. En una de las paradas que realizaron en Barcelona, dejaron el coche estacionado en las Ramblas y se fueron a ver la Feria de Muestras. Cuando volvieron a recogerlo, el destino les había preparado una ingrata sorpresa. “Nos habían roto uno de los cristales del coche y nos habían robado dos bicicletas¨: la de Miguel y la de Astigarraga. Ellos no se llevaron mal rato pero yo lo pase muy mal”, cuenta el actual presidente. En la vuelta, condujo el coche Miguel Induráin, que todavía no tenía carné durante unos cuantos kilómetros, pero ya acostumbrado a llevar los tractores de su padre.
Pero en ésta no se agotan las anécdotas que recuerdan los fundadores del club. Con el equipo de cadetes y como entrenadores Pepe Barruso e Ignacio Urdániz, acudieron a una carrera en la Ribera. “Después de correr, nos esperamos a cobrar el dinero y nos entretuvimos viendo el encierro. Se nos hizo tarde y decidimos quedarnos a comer. Sólo podíamos gastarnos el dinero ganado y lo que teníamos en el bolsillo, un total 32.000 pesetas”, comenta Barruso. Los dos entrenadores contaron a los corredores, unos diacisiete y dividieron entre todos y calcularon así lo que podían comer. Pero las cuentas les fallaron y la cifra total ascendió hasta las 34.000. “Nos daba vergüenza decirle a la camarera que no teníamos suficiente. Eran cerca de las seis de la tarde y en el restaurante había comido mucha gente. Entonces, les dijimos a los chavales que se pasaran por las mesas y recogieran las propinas. Después de pagar, todavía nos sobró dinero”, añade Barruso.
Entre las personas que empezaron en el club junto a Almárcegui, Barruso y Urdániz se encuentra José Ángel Andueza. “Comencé en la temporada 76-77. Tenía afición al ciclismo y Pepe me comentó la posibilidad de entrar como entrenador”, señala. Al principio, se encargó del equipo de juveniles. “Me acuerdo que había dos conjuntos y me tocó el de los más flojos. Eran los corredores que cogía el Villavés porque no quería otro”, añade. Inició con su coche un Sinca 1000 y al final de su época en el club ya les daban a los directores 500 pesetas cada domingo para cubrir los gastos de la gasolina. “Estuve diez años y al principio teníamos que poner nosotros el coche y pagar la gasolina. Después ya nos dieron dinero en el club”, añade.
Por sus manos han pasado entre otros corredores Jesús Goldaracena Goñi con el que recuerda haber ganado alguna carrera en la categoría de juveniles. En total fueron cuatro entre las que se destacan el “X Criterium Navarro de Montaña” y el “VI Trofeo Estrellas” de Pamplona. “Me acuerdo que con este corredor tuvimos una polémica en la subida a Izpegui el 6 de agosto de 1979. Se disputó en dos sectores, por la mañana línea en la que se clasificó en segunda posición y por la tarde ganó la contrarreloj”, indica Andueza. También recuerda otros nombres en su etapa de corredores como Juan Luis Arizcuren, José Luis Hernández, Luis Echeverría, José Luis Meoqui o José Luis Jaimerena, actual director del equipo profesional Banesto.
José Ángel Andueza solía acudir, normalmente, a las carreras con José Ignacio Urdániz, “Cachorna”. “Salíamos con ellos desde el club, situado entonces en la calle Mayor, y los devolvíamos en las mismas condiciones que los habíamos cogido”, indica Andueza. Entre los corredores ganadores que han pasado por sus manos, han sido Joaquín Marcos, Miguel Induráin y en juveniles Ángel María Goñi. Una de sus principales preocupaciones era que los chavales no se cayeran. “Había uno que se llamaba Angel Colás y que incluso le cantaban: Colás, qué tortas te das. Les insistíamos en que tuvieran cuidado y se esforzaran todo lo que pudieran. No pretendíamos que ganaran las carreras sino que dieran todo lo que tenían”, señala Andueza.
Reuniones en el club
Este entrenador recuerda cómo se solían reunir todos los responsables del club en la sede, situada entonces en la calle Mayor de Villava. “Nos juntábamos y sacábamos conclusiones sobre las carreras del domingo anterior y preperábamos las del fin de semana posterior. También decidíamos si teníamos que comprar alguna rueda”, comenta. Andueza se acuerda también de la primera carrera de la temporada que se celebraba en Villatuerta. “Un año cayó una gran nevada y no podíamos ir por la carretera habitual. Entonces decidimos ir por Tafalla pero no pasamos de Potasas por la nieve que había”, cuenta Andueza.
Otro de los entrenadores que ha formado parte de la plantilla del Villavés fue Jesús María Beloqui Valenciaga. Entró hace unos veinte años al comenzar su hijo mayor Raúl como principiante con ocho años. “Llevaba a mi hijo a entrenar a Peritos y veía que Pepe Barruso necesitaba gente para entrenar a los chavales. Entonces le comenté que le echaría una mano hasta que mi hijo permaneciera en el club. Él lo dejó a los 18 años porque ya no pasó a aficionados y, sin embargo, yo todavía continuo”, añade. Aunque ha acudido a las carreras con los equipos de todas las categorías, se ha dedicado principalmente a entrenar a los chavales de las escuelas por lo menos durante diez años. “Prefería estar con los chicos y chicas de las escuelas porque mantienes un contacto mucho más cercano con ellos. Las categorías de cadetes y juveniles son mucho más competitivas. Lo tuve que dejar por los horarios de trabajo que no me permitían acudir a los entrenamientos pero nunca me he desvinculado del club”, explica.
La disciplina es, según Jesús María Beloqui, una de las principales lecciones que debe aprender un ciclista, sobre todo, desde pequeño. “Un entrenador sobre todo en los primeros años debe dar buen ejemplo y si queda con los chavales a las nueve de la mañana, él debe acudir antes ya que a esas edades son muy inteligentes y observadores. Además, los propios entrenadores aprenden mucho de los niños ya que debes tratarlos a todos por igual”, indica.
Jesús María Beloqui añade que los entrenamientos en categorías de escuelas no han cambiado nada y se sigue practicando con los ejercicios de gynkana y los de línea. “La gynkana les sirve para aprender a controlar la bicicleta. Después les enseñamos a ir en pelotón seguros. Yo les solía mandar dar vueltas y colocaba a los que mejor andaban delante del pelotón y en los laterales y a los que peor lo hacían en el centro como si fuera un desfile militar, y a partir de esa formación les enseñaba a hacer relevos o como deben colocarse en caso de producirse abanicos en el pelotón”, comenta. Este entrenador del Villavés explica que es importante que un chaval comience en las escuelas para que adquiera, desde temprano, el dominio de la bicicleta. “Cuánto antes le quite el miedo a la bicicleta, mejor, porque luego comienzan en cadetes y tienen miedo a andar en pelotón”, apunta.
La seguridad de los corredores
Entre las cosas curiosas que le han pasado en sus años como entrenador Jesús María Beloqui recuerda a un chaval “muy bueno” pero que dejaba la bicicleta en cualquier lado sin tener ningún cuidado. “Yo siempre le decía que se la iban a quitar y no me hacía caso. Un día pensé en gastarle una pequeña broma a ver si empezaba a atanderme. Entonces, cogí una bicicleta como la suya que estaba sola y entonces una madre me dijo a ver dónde iba con la bici. Intenté darle un susto al chaval y me lo llevé yo porque no era la suya”, cuenta. Beloqui se preocupó también de la seguridad de sus chavales. “Cuando yo entré, todas las tardes había cuatro o cinco chicos que me pedían permiso para beber agua porque en Peritos no había fuente. Ellos debían cruzar la carretera para coger agua y me pareció peligroso. Entonces lo que hice fue llevarles unas botellas de agua que previamente congelaba”, recuerda.
Jesús María Beloqui solía acudir a las carreras con Pepe Barruso y asegura que unos años tuvieron suerte porque el padre de un chaval de Huarte tenía un camión y él era el que los llevaba a todos los chicos. El Villavés nunca ha tenido problemas de bajo número en las escuelas ni ha tenido que poner en marcha campañas de captación de corredores. “Nunca nos hemos tenido que preocupar de buscar nosotros mismos a los corredores ya que venían ellos a apuntarse al club. Además, cuando Miguel Induráin comenzó a ganar tuvimos un gran aumento de licencias”, señala.
Además de acudir a los entrenamientos a Peritos, el entrenador de las escuelas cumple otras funciones como las de aconsejar a los chavales sobre cuál es la mejor bicicleta que deben comprar para cada edad. “No queríamos que los padres se gastaran un dineral en las bicicletas o que compraran una que no fuera adecuada y corriera el ciclista el peligro de lesionarse”, añade.
Jesús María Beloqui ha contado con dos patrocinadores en las escuelas del Villavés: Ciclos Agüero y Pescadería Olaverri. El relevo generacional también llegó en la época de Beloqui con la entrada de entrenadores como José Luis Sagasti o Ramón Izco. “Cuando empiezas en el club adquieres una obligación moral ya que piensas que haces un bien social pero luego lo vas dejando y no lo haces con tanta intensidad y das paso a otros entrenadores más jóvenes”, indica Beloqui.
En el Tourmalet
Sagasti e Izco, como aficionados al ciclismo, acudían todos los años a ver algunas etapas del Tour de Francia. En 1983, se encontraban en el Tourmalet y apareció Pepe Barruso. No lo dudó y en ese mismo escenario les comentó la posibilidad de incorporarse al club. “Éramos pocos los que acudíamos en esos años a ver el Tour. Posteriormente, con Induráin, se puso de moda. No tuvimos problemas en aceptar la propuesta de Pepe y al año siguiente hicimos el curso de directores provinciales y nos unimos al resto de entrenadores del Villavés: Pepe Barruso, José Ignacio Urdániz, Jesús María Beloqui y José Ángel Andueza”, indica Sagasti.
En un principio, estos dos nuevos entrenadores no se encargaron de ningún equipo en concreto por lo que había fines de semana que acudían a las carreras de juveniles y de cadetes. “Solíamos ir con un Seat 124 y un Seat 1500. Además, llevábamos nuestros coches pero no los sacábamos en carrera”, señala Izco. Enseguida, año 1985, les llegó un nuevo refuerzo en la persona de Alberto Bretón Mendía, quien fuera corredor del club en las temporadas 82-83 en juveniles con Miguel Induráin. Izco y Sagasti disfrutaron como entrenadores de dos corredores que en la categoría de juveniles de segundo año les dieron muchos triunfos como Pachi Sorbet y Pruden Induráin.
Ramón Izco abandonó las funciones de entrenador en la temporada 89-90 al poner un negocio particular, un taller mecánico, y le sustituyó Asio Ilárraz en la categoría de juveniles. “Cuando comencé con mi negocio- señala Izco- no me podía permitir la vida que llevaba los fines de semana. Había algunos en los que salía de trabajar los sábados a mediodía cogía un bocadillo e íbamos a la carrera. Después, el domingo, madrugábamos y toda la mañana con los corredores y a veces también teníamos que comer fuera de casa”, añade.
Estos entrenadores fueron testigos de la primera Vuelta a Pamplona organizada por tres clubes navarros: C.C.Villavés, C.C.Ermitagaña y U.D.Chantrea. “Era una paliza porque además de encargarnos del equipo debíamos colocar y quitar vallas, y ayudar en otras labores de organización”, cuenta Sagasti.
Ramón Izco y Alberto Bretón vivieron una experiencia inolvidable desde el coche del Villavés. En una carrera de cadetes en Tafalla, uno de los vehículos de equipo se quedó sin frenos y se metió en el pelotón provocando un accidente del que resultó herido grave uno de los corredores del club, Juan Unzué Unzué, de Huarte. “Se quedó echo polvo. Dos clavículas rotas, el fémur. Era un coche del Club Ciclista Estella. No sabemos cómo no ocurren más accidentes de este tipo porque los coches que sacamos en carrera son la mayoría muy viejos”, comenta Bretón. Entre los trayectos peligrosos para los corredores, Ramón Izco recuerda el puente de Anoz ya que en una misma prueba se cayeron dos corredores: uno a la entrada y otro a la salida:
Campión y Mongay
Los entrenadores destacan de estos años el buen ambiente que se creaba entre los corredores y los directores de equipo. “Ellos mismos preparaban cenas y nos invitaban a nosotros. Eran chavales muy majos y manteníamos con ellos muy buena relación. Creo que por eso mismo ha habido muchos corredores que después se han quedado como entrenadores en el club”, señala Izco. Aunque estos entrenadores también esperaban por parte de sus corredores ciertas dosis de responsabilidad. “Nosotros no les machacábamos para que consiguieran el triunfo final pero lo que sí les pedíamos es que fueran algo responsables. Si un chaval no podía más pero había dado en carrera todo, no pasaba nada. Pero otro que se lo tomaba a cachondeo nos sentaba muy mal”, comenta Izco.
Tanto Sagasti, como Izco y Bretón eran partidarios, durante esos años, de darles cierta libertad a los corredores a la hora de entrenar. “Al final, me acuerdo, que les preparamos algún plan de entrenamiento pero antes les dejábamos un poco a su aire. En ocasiones, sí que organizábamos entrenamientos e íbamos nosotros en el coche enseñándoles a darse relevos, por ejemplo”, indica Sagasti. Otra de las prácticas que tenían estos entrenadores era la de quedarse acompañando a los corredores que se quedaban del pelotón. “Siempre nos quedábamos para animarle y que no tirara la toalla a la primera de cambio”, señala Bretón.
Sagasti e Izco recuerdan haber pasado por dos sedes del club e incluso, los dos, han colaborado en las obras de remodelación de la actual. Se encargaron, junto a otros muchos de tirar el edificio, que albergó durante años, al matadero municipal, y dar forma al actual, inaugurado en 1994.
Competir fuera de Navarra
Estos entrenadores continuaron con la tónica del club de salir a pruebas o vueltas que se disputaban fuera de las carreteras forales. Así viajaron a Almazán (Soria), o Zaragoza. “En una ocasión, íbamos a Zaragoza y de Caparroso nos tuvimos que volver por problemas con el coche ya que nos dejó tirados en la carretera. Es normal ya que son coches viejos, algunos nos los regalaban y no solían estar en muy buenas condiciones”, explica.
Entre los equipos fuertes contra los que les tocó competir, Bretón, Izco y Sagasti destacan al Elektra y al Burunda. “De estos conjuntos han salido corredores como José Luis Arrieta. Pero había otros equipos que también cuentan con ciclistas profesionales como el caso Lanas Alonso con Chente García, el Estella, con Roberto Lezáun. En esa época nosotros teníamos a Pachi Sorbet”, añade. Recuerdan como caso curioso el de un corredor del Elektra, de apellido Sota, que al ser de Logroño no podía competir en Navarra. Entonces los responsables de su club lo empadronaron en Lacunza. “Ganó todas las pruebas de cadetes, las de juveniles, y pasó a aficionados, pero en esa categoría ya no hizo nada. A esas edades son imprevisibles. Por ejemplo, Chente era un corredor que no destacó mucho en las categorías inferiores y ahora anda bien en profesionales”, asegura Sagasti.
Los entrenadores notaban bastante diferencia en el rendimiento de sus corredores cuando acababa el curso. “A partir de junio, les daba tiempo de entrenar más y se les notaba mucho en el rendimiento de las carreras. Pero eso no nos importaba porque es preferible que estudien a que lo dejen todo por la bicicleta ya que el paso a profesionales es muy difícil. Además, nosotros teníamos la suerte de que nuestros patrocinadores no nos presionaban para que ganásemos carreras como les sucedía a otros equipos y después los chavales estaban muy quemados”, señala Sagasti. Durante la década de los ochenta y principios de los 90, el Villavés ha contado como patrocinadores con Ciclos Lasa, Pacharán Basarana, Cafenasa, Ciclos Larequi, y Beola Motor, entre otros.
Sagasti, Bretón e Izco han coincidido también con la primera fémina del Villavés como fue Begoña Asensio. “Era una situación novedosa en el pelotón aunque nos parecía estupendo. El problema del ciclismo femenino es de número. Hay muy pocas mujeres pero es que el ciclismo ha sido siempre un deporte machista ya que en épocas anteriores a las nuestras las mujeres no podían ni montarse en los coches de equipo para seguir la carrera”, comenta Sagasti.
Pero estos entrenadores también tuvieron que dar el relevo a otros más jóvenes y por diferentes motivos fueron dejando el club. Así Asio Ilárraz comenzó a construirse una casa y abandonó las labores de entrenador en 1998 por lo que permaneció durante ocho años. José Luis Sagasti lo dejó antes, en el 93, después de estar como entrenador diez años. Alberto Bretón aguantó algo más, hasta 1995 y abandonó el club por motivos “laborales, familiares y extrafamiliares”, bromea.
La aventura de la Vuelta Ciclista a Pamplona
Unos años antes, en 1987, el club se había embarcado en una nueva aventura, la organización de la Vuelta Ciclista a Pamplona. U.D.C. Chantrea, C.C. Ermitagaña y C.C Villavés contaron para esta tarea con la ayuda de Arturo Navallas, hombre de marketing de la Caja de Ahorros de Navarra que se volcó, al igual que esta entidad, para sacar esta adelante esta aventura ciclista. Arturo Navallas es otra de las personas que ha mantenido una relación casi permanente con el club. “Es difícil concretarlo, pero creo que mis contactos con el Villavés son muy cercanos a mis inicios en el mundo del ciclismo, en 1979. Es el momento en que Caja de Ahorros de Navarra asume directamente la fase de recuperación de la Vuelta a Navarra y el apoyo al ciclismo en general. Esta relación se ha mantenido e incrementado hasta hoy día traspasando el área de lo profesional a lo personal”, comenta Navallas.
Desde el primer momento, el entendimiento entre los clubes organizadores y Caja de Ahorros de Navarra fue perfecto. “Los tres clubes me expusieron los deseos de organizar una carrera para Juveniles que pudiera desarrollarse en varios días. Tenían un proyecto ilusionado y requerían de nuestra experiencia para su desarrollo más completo. Los organizadores se habían impuesto un reto y decidimos hacer el trabajo conjuntamente”, recuerda Arturo Navallas.
La respuesta a este trabajo previo fue importante, ya que el día 20 de julio de 1987, en la línea de salida, había trece formaciones ciclistas con seis corredores cada una. “La I Vuelta Ciclista a la Comarca de Pamplona contó con un presupuesto de 751.000 pesetas y, manteniendo los criterios de la Federación, tuvo un recorrido de 285 kilómetros. Quiso dársele un marcado carácter navarro. Javier Baigorri, que por sorteo ostentó el maillot verde en la primera etapa primer galardón final. Las otras dos etapas tuvieron como líderes a Alfonso Guerrero y Ramón Aldareguía. David García se quedó con las metas volantes al haber ganado su equipo la contrarreloj, ganó la cuarta y se llevó el”.
Desde aquella primera Vuelta a Pamplona, la relación entre Arturo Navallas y el Club Ciclista Villavés ha sido constante. El organizador de la Vuelta es claro al reconocer el trabajo de este club. “En primer lugar, el esfuerzo compensa a los que están cerca de los chavales, trabajando codo con codo y esperando que en la dura selección pueda salir alguna figura importante. Creo que en ese sentido el C.C. Villavés ha cubierto para siempre todas sus expectativas, impensadas cuando coincidiendo con la formación del club, en 1975, se incorporaba de Alevín Miguel Induráin. En segundo lugar, a los patrocinadores en sus distintas versiones, como sponsor de los equipos o de las pruebas que permiten que los anteriores puedan hacer su trabajo. Y, por supuesto, a aquellos que por amistad o por vinculación con el deporte apoyan estas categorías inferiores con menos ‘rentabilidad’ publicitaria”.
En estos momentos de celebración para el Villavés, Arturo Navallas ha querido estar junto al club al que lleva vinculado desde hace años. “En este año tan especial para el Villavés me gustaría mostrar mi sincera felicitación por su trayectoria, mi agradecimiento por las grandes satisfacciones que han aportado a la afición y mi admiración por el trabajo de sus dirigentes y equipos colaboradores que, bajo la dirección de Pepe Barruso han conseguido que el nombre de Villava y Navarra haya ascendido a las cotas más altas”, señala Arturo Navallas.
La última hornada de entrenadores
La siguiente remesa de entrenadores, que ha marcado la historia del Villavés durante la década de los noventa, han vestido, todos ellos, las camisetas del club en las diferentes categorías. El más veterano Javier Iriberri Villabona coincidió en las funciones de entrenador con José Luis Sagasti y Alberto Bretón en la categoría de juveniles. Iriberri dejó la bicicleta en el 90 y al año siguiente ya se colocaba al volante del coche para acompañar a los corredores a los diferentes destinos de cada fin de semana. “Me ofrecí voluntariamente para acompañar al que había sido mi entrenador en juveniles, José Luis Sagasti, y no pusieron ninguna objección”, indica.
Este año 2000, cumple su décimo aniversario en el club y durante este tiempo ha entrenado, principalmente, a la categoría de juveniles y escuelas. Además, de compaginar estas tareas con las de tesorero desde 1994, en sustitución de Alberto Lerga. En la dirección de equipos de escuela de ciclismo, Iriberri ha coincidido con Asio Ilárraz, Pepe Barruso y Jesús María Beloqui, mientras que al volante del vehículo de los juveniles ha ido con Urdániz, José Luis Sagasti, Jesús Ibáñez, Koldo Martínez, Pedro Echeguía, Chema Garcés, Alfonso Prim y Daniel Rabal. Los tres últimos todavía continúan en el Villavés.
De los años que lleva en el club, Javier Iriberri recuerda de una manera especial 1995 debido a los éxitos cosechados por los juveniles, especialmente Xabier Zandio, profesional del equipo Banesto. “Lo malo es que tuvimos una gran bronca con el resto de equipos navarros ya que se produjo una escapada en una de las etapas y tenían representantes todos los navarros menos nosotros y nos vimos obligados a tirar del pelotón y echar abajo la escapada. Estábamos luchando por la general y nuestra decisión era lógica”, afirma Iriberri. En esa Vuelta a Pamplona, Zandio se clasificó en segunda posición y ganó la general final de las metas volantes, montaña y primer navarro. Otras de las pruebas que difícilmente se le olvidará a este entrenador es el campeonato navarro de mountain bike celebrado en Sangüesa en 1994 y del que resultó vencedor Xabier Zandio.
En estos dos años, 1994 y 1995, el equipo de juveniles del Villavés acudió a la Copa del Mundo de Mountain Bike que se disputó en Madrid. “Una vez viajamos hasta Madrid seis personas en un coche viejo que nos regaló Asio Ilárraz, le llamábamos el AVE, a esto hay que sumarle las cinco bicicletas de monte y todos los bolsos. No sabíamos muy bien dónde se iba a disputar la prueba y en el Paseo de la Castellana empezó a salir humo del coche. Teníamos reservas en un cámping. Era el mes de abril y cayó una impresionante nevada. Tuvimos que buscar otro alojamiento pero estaban todos los hoteles completos. Mentimos en uno explicando que teníamos una reserva oficial de la organización y que si no aparecíamos era porque había habido algún error. Al final acabamos durmiendo en el mismo hotel que la campeona del mundo”, cuenta Iriberri. En el 94, viajaron a Madrid para disputar esta prueba: Xabier Zandio, Raúl Zabalza, Mikel Azparren, Txomin Martínez y Rafael Sánchez. Al año siguiente acudieron: Daniel Rabal, Miguel Aguirre, Eneko Apesteguía, Xabier Zandio y Raúl Zabalza.
Las temporadas 1993 y 1994 supusieron el inicio del Villavés en la modalidad de mountain bike en las pruebas del Open Diario de Navarra, organizado por el Club Ciclista Estella. Esta prueba el club la ha ganado en tres ocasiones: dos con Xabier Zandio y una con Koldo Gil. Además, esta modalidad le ha permitido al Villavés conocer a ciclistas que luego han pasado a engrosar su plantilla con éxito como es el caso de Mikel Narváez. Javier Iriberri recuerda especialcialmente a corredores como Xabier Zandio, Koldo Gil, los Hnos. Azparren, Raúl Zabalza, Daniel Rabal, Alfonso Prim, Javier Unzué, Mikel Baraibar etc. “Guardo buen recuerdo de todos los equipos que he tenido, si bien hay corredores que destacan por su forma de ser”.
Uno de los inseparables copilotos de Javier Iriberri ha sido Chema Garcés, que desde 1995 ha compartido las tareas de director con éste primero en el equipo de juveniles. Garcés corrió ocho años en las categorías del club y después de abandonar el ciclismo durante dos años, una llamada de Pepe Barruso a través de la que le pedía su colaboración volvió a entrar en contacto con el Villavés. Este entrenador también destaca, en cuanto a triunfos, el 95. Después la cifra ha ido descendiendo y los éxitos deportivos han llegado en escasas ocasiones a las redes de este equipo. “Ya en el 96 fueron cuatro las carreras que ganamos y a partir de este año fueron descendiendo hasta 1999 en el que la suerte no nos acompañó”, añade Garcés. Chema Garcés tiene un especial recuerdo de Koldo Gil, actual corredor del Banesto profesional. “Aunque sólo ganó una carrera, fue un corredor muy regular. También Roberto Cadena consiguió este año tres triunfos y numerosos premios, como Metas Volantes. Mikel Azparren rindió a un gran nivel ganando dos carreras consecutivas a final de temporada”.
Chema Garcés entró en el Villavés cuando, debido al incremento en el número de licencias en juveniles, salieron dos equipos en esta categoría durante tres años bajo el patrocinio de Cafenasa y Beola Motor. “Me acuerdo que íbamos en dos coches. Durante mi primera temporada, acudía normalmente con Javier Iriberri y en otro coche iban José Ignacio Urdaniz y Alfredo Monteano. Recuerdo que en una ocasión nos quedamos sin frenos, sin suspensión y sin gasolina en uno de los coches”, comenta Garcés.
Del balonmano al ciclismo
Alfredo Monteano se incorporó al club en el mismo año que Chema Garcés. Después de ser vicepresidente de la Federación Navarra de Balonmano y de permanecer muy ligado a este deporte, Monteano llegó al mundo del ciclismo de la mano de la Peña Ciclista Alas, donde fue entrenador durante cuatro años. De allí pasó al Villavés como colaborador en la temporada de 1994, incorporándose al año siguiente a la plantilla de directores del club.
El papel de Alfredo Monteano en el club se ha desarrollado principalmente en las categorías de Cadetes primero y Aficionados y Juveniles más tarde. “Entre Cadetes y Juveniles no había mucha diferencia, pero con Aficionados, las palizas eran mucho mayores y suponía un sacrificio mayor. De todas formas, prefiero esta categoría, porque es donde se vive realmente el ciclismo”, señala este entrenador, que pasó a cadetes en 1998 al desaparecer el equipo de Aficionados. Alfredo Monteano, que cuando comenzó hace unos años su labor en el ciclismo apenas conocía nada de este deporte, se ha convertido en un auténtico aficionado: “No había visto una rueda en mi vida ni tampoco una carrera, pero cuando empecé pensé, ¡qué bonito es esto!”.
El siguiente en entrar en el Club Ciclista Villavés como entrenador fue Alfonso Prim Sorbet. Como ciclista, inició su andadura en la categoría de infantiles, dejó de correr un año, para volver al club en Cadetes de segundo año. De aquí pasó al equipo Aficionado de la Peña Alas durante dos años, pero una mala experiencia, le hizo regresar al Villavés para correr su último año en el Gespam, de Aficionados. En la faceta de entrenador comenzó hace cuatro años en juveniles, donde permaneció un año para pasar a cadetes. En esta categoría ha coincidido con Asio Ilárraz, Roberto Ustárroz, el segundo año con Javier Unzué y Alfredo Monteano y el tercero con Daniel Rabal y de nuevo Monteano.
Alfonso Prim, que ha pasado por dos categorías como entrenador, asegura que la de cadetes es más llevadera ya que inicias la temporada más tarde por lo que no se disputan tantas carreras. “Los corredores, en esta categoría, proceden de las escuelas en las que compiten en circuitos cerrados. Cuando llegan a Cadetes, hay que enseñarles a moverse en la carretera y a pensar en el equipo por encima de los individualismos. Eso es muy bonito porque van descubriendo cómo es el verdadero ciclismo”, indica. Prim asegura que continúa vinculado al Villavés porque el ciclismo es un deporte que le ha gustado siempre y que en el club ha pasado muy buenos años.
El más joven como entrenador pero el más veterano como corredor es Daniel Rabal Echeverría. Comenzó a los ocho años en las Escuelas y lo dejó a las 19 en el equipo aficionado del Villavés. No tardó nada en vincularse de nuevo al club y tras finalizar la temporada como corredor Iriberri fue el que le animó para entrenar junto a Chema Garcés y él, el equipo de Juveniles. Después de dos años en esta categoría en el 2000 pasó a entrenar el de Cadetes con Alfonso Prim. “Como entrenador tienes más responsabilidades y obligaciones, pero correr es muy sacrificado y terminas un poco cansado”, indica.
La categoría de Cadetes le permite al entrenador, según Rabal, acudir a las carreras con menor presión ya que, según asegura, es menos competitiva que la de Juveniles. “En cadetes es muy difícil plantear una estrategia de carrera porque no puedes hacer mucho por cambiar el sentido de una prueba una vez que se da la salida. Además, en Juveniles, ya saben mejor lo que tienen que hacer, en Cadetes, hay que estar encima de ellos porque vienen de las escuelas y no están tan acostumbrados a salir a la carretera”, señala. Daniel Rabal lamenta el hecho de que como entrenador todavía no ha conseguido ningún triunfo pero, aún así, no se desanima ya que el ciclismo es algo que le encanta. “Cuando estaba en Juveniles, ganó una carrera Roberto Astiz en Arre pero ese día yo no pude ir. Sigues como entrenador porque después de todo lo que el Villavés te da cuando eres corredor, entablas como una especie de deuda con el club”, añade Rabal. Este entrenador sustituyó en la categoría de Cadetes a Javier Unzué Larraya, que decidió en la temporada del 99 tomarse un respiro.
Sus compañeros le alaban ya que durante tres años se encargó del equipo de aficionados. Tuvo que viajar mucho, sin conseguir ningún triunfo pero éste no era el objetivo principal del equipo. “Lo que nosotros perseguíamos con este equipo era dar una oportunidad a los chavales que llegan a segundo año de Juveniles y no encuentran equipo debido a la escasez de conjuntos en la categoría de Aficionados. Se dio el caso de que corredores destacados de nuestro equipo, se fueron a otros equipos”, comenta Unzué. Fue durante siete años corredor, incluso compitió un año como Aficionado en el equipo Bijoya de la Peña Alas. Una llamada de Pepe Barruso, al igual que a Chema Garcés o Alfonso Prim, le hizo regresar al Villavés y se encargó el primer año de este equipo de Aficionados junto a Michel Malumbres, al que le sustituyó Alfredo Monteano.
Una de las principales preocupaciones de Javier Unzué como entrenador aficionado era la de terminar la temporada con el mayor número de corredores posible. “Hubo alguno que comenzaba la temporada y enseguida lo dejó. Nosotros luchábamos para llegar a meta en cada carrera. Era una paliza porque los desplazamientos eran muy largos y los corredores eran de diferentes zonas y había que pagarles el desplazamiento”, indica Unzué. Este equipo contó los dos primeros años con el patrocinio de Seguros Gespam pero el tercero no y compitieron con los maillots del Villavés.
La primera temporada consiguieron terminar cuatro corredores, ya en el segundo el equipo mejoró y llegaron a final de temporada cinco. El último año, sin patrocinio y con diez ciclistas, lograron concluir el año la mayor parte de los corredores. “En una ocasión, nos confundimos en la hora de inicio de una carrera y nos presentamos en la localidad dos horas y media antes cuando todavía no se había colocado la pancarta de meta. Otras de las cosas curiosas que me sucedió fue bajarme del coche deprisa para cambiar la rueda a un corredor sin poner el freno de mano al coche y éste comenzó a irse para atrás”, señala. Javier Unzué agradeció mucho el cambio de categoría ya que lo notó bastante sobre todo en la distancia de los desplazamientos.
La década de los 90
Entre todos recuerdan los hitos más importantes que han acontecido en los diez últimos años de historia del club. La década de los noventa, protagonizada principalmente por este grupo de entrenadores, comenzó en 1991 con el triunfo en la clasificación de las metas volantes en la Vuelta Soria con Tomás López. Acudieron como entrenadores José Luis Sagasti y Alberto Bretón. Alayn Martins gana el Trofeo de las Estrellas con Pedro Vidondo como entrenador. Es el primer año en el que el Club Ciclista Villavés coloca la barraca en las fiestas patronales de Villava junto a la Peña Alas. “Fue una idea de Asio Ilárraz. Pedimos la licencia al Ayuntamiento, nos dijo que sí y José Antonio Almárcegui nos dejó la barraca sin cobrarnos nada. Ese año sacamos 700.000 pesetas cada uno de los clubes. Ha sido el que más”, indica Javier Iriberri. Se trata de una forma de financiación que el club empleó hasta 1997. Se colocaba en frente de la iglesia, uno de los mejores sitios, según los responsables, y se creaban turnos entre entrenadores y corredores para servir la barra. “Normalmente, sacábamos entre las 400.000 y las 500.000 pesetas. Esta cifra dependía bastante del tiempo que hiciera durante los días que duran las fiestas”, añade Iriberri. Esta iniciativa se prolongó hasta 1997.
El primer año en el que un equipo del Villavés sale a correr una vuelta fuera de Navarra es en 1992. Fue la Vuelta a Soria. Este año abandonó el patrocinio la casa Pinturas Tomás López. El dinero que obtuvieron el primer año con la carrera lo destinaron a la compra del primer Citroën BX del Villavés. “Nosotros pagamos los coches poco a poco. La verdad es que el club no ha tenido problemas económicos ya que siempre ha ganado más de lo que ha gastado”, indica Iriberri. Parte del presupuesto lo destinan a la organización de las carreras, un total de once en la que invierten como media unas 230.000 pesetas. Pero la mayor partida del presupuesto es la ropa.
En 1993 se produjo el primer triunfo de Xabier Zandio, profesional de Banesto, en Lecumberri como Cadete de segundo año. Este año consiguió tres más. Había dos equipos de Cadetes Beola Motor y Ciclos Larequi, cuya ropa era igual que la del equipo de profesionales Seguros Amaya. El Club Ciclista Villavés comienza a notar el “boom Induráin” y el número de licencias se incrementa de una forma notoria. Es el primer año en el que el Villavés compite en una prueba de mountain bike. Javier Iriberri obtiene este año el título nacional de entrenador en Granada, convirtiéndose en el primer entrenador del Villavés que lo consigue.
Al año siguiente, Xabier Zandio ganó el Campeonato Navarro de mountain bike en Sangüesa. También en 1994, acudieron por primera vez al Copa del Mundo de esta modalidad, celebrado en la Casa de Campo en Madrid. En abril de este año, comenzaron las obras en la actual sede del Villavés. Se tiró el edificio entero, que albergó antes el matadero municipal, y se volvió a levantar de nuevo por las personas del club. Entre ellos se encontraban: Pepe Barruso, Jesús María Beloqui, José Ignacio Urdániz, José Ángel Andueza, José Ignacio Olaverri y Martín Latasa, empleado del Ayuntamiento de Villava, que dirigía y supervisaba las obras. “Durante las obras nos trasladamos a un trastero propiedad de Asio Ilárraz, situado en la plaza Miguel Induráin, de Villava”, explica Javier Iriberri. La sede, de dos pisos, se concluyó en octubre y costó cerca de tres millones de pesetas. Entonces los responsables firmaron con el Ayuntamiento, presidido ese año por Vicente Sabalza, un contrato a precario por 25 años por el que el consistorio cedía el local al Villavés mientras continúe la actividad ciclista. “El mobiliario, la luz se colocó con la ayuda de los padres y amigos”, añade Iriberri.
El Club Ciclista Villavés adquiere el segundo BX con el patrocinio de Cafenasa en 1995. Se cambia el diseño y el color de las camisetas patrocinadas por esta firma. Construcciones Huarte entrega un millón de pesetas como patrocinador pero abandona el club el año siguiente. Segundo año en el que el Villavés acude a la Copa del Mundo de Mountain Bike, celebrada, en esta ocasión, en Manzanares del Peral, en la sierra madrileña.
El número de licencias llega a su cifra máxima en el club, un total de 141 en 1996. El Villavés presenta el equipo de aficionados bajo el patrocinio de Gespam y se compra un Renault 12 para este conjunto. Se ficha para el equipo de Juveniles a Mikel Narváez, procedente de la mountain bike. “Le fue bastante bien y después continuó corriendo dos años más en el equipo Caja Rural de aficionados”, explica Iriberri. El equipo de Juveniles corre este año cuatro vueltas: la del Besaya (Vizcaya), la de Guipúzcoa, y la de Pamplona, en la que participaron los dos equipos juveniles.
Ciclos Larequi retira en 1997 el patrocinio al equipo de Cadetes del Villavés y Gespam al de aficionados. Es el primer año en el que el Club Ciclista Villavés da un chándal a cada uno de sus corredores además de la ropa que les entregaba cada temporada. Es el último año en el que los juveniles corren en dos equipos para en el 98 fusionarse en uno: el Beola Motor.
El entrenador de cadetes Jaime Oroz se despide del club, quedando en esta categoría Roberto Ustárroz.
El Villavés adquiere en 1998 una furgoneta: Citroen Evasión, a la que acoplaron un carro. Este vehículo se emplea, principalmente, en las categorías que mayor número de licencias hay como son las Escuelas o los Cadetes. Comienzan a hacerse frecuentes las excursiones: salida al Parque Natural de Ordesa, al salón de la bicicleta en Bilbao, a practicar esquí de fondo. En este año, el equipo Juvenil disputó la Vuelta a Soria.
El presidente del Club Ciclista Villavés, Pepe Barruso, recibe en 1999 el Galardón al Mérito Deportivo entregado por el Gobierno de Navarra. Es el año de Iñaki Otero, quien obtuvo cinco victorias como cadete de segundo año, y de las excursiones. Los juveniles suben el Tourmalet y Luz Ardiden en bicicleta, y van desde Pamplona hasta el refugio de Belagua. Por su parte, los Cadetes realizarán la Cañada Real con la bicicleta de monte. “Es la primera vez que el equipo de Cadetes pasa una noche fuera de casa en la que durmieron al aire libre”, explica Alfonso Prim. Port Aventura fue el destino elegido para acudir con los corredores de los dos equipos, Juveniles y Cadetes, juntos. Por su parte, los entrenadores, Javier Unzué, Javier Iriberri, Chema Garcés, Daniel Rabal y Alfonso Prim se tomaron unas “mini-vacaciones” para viajar a Barcelona y acudir al Camp Nou para ver un partido del F.C. Barcelona. Unzué, Garcés, Rabal, Prim y Alfredo Monteano realizaron un cursillo de directores provinciales en la residencia Fuerte del Príncipe de Pamplona.
El Club Ciclista Villavés, fundado oficialmente en 1975, celebra en el 2000 su veinticinco aniversario e imprime el logotipo en todas las prendas de su ropa de equipo. Además compra un coche nuevo: un Citroën Xantia. Dos entrenadores, Javier Iriberri y Javier Unzué, realizan la Clásica Burdeos-París con un recorrido de 640 kilómetros en una única etapa. |
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